martes, diciembre 13, 2005

E.R. Lankester, el cazafantasmas.

Edwing Ray Lankester (1846-1929) es recordado por varios motivos.

Fue un pionero del periodismo científico con una columna fija durante años en la prensa llamada "Ciencia desde un cómodo sillón" con enorme éxito. (A mí me suena a título de blog escéptico)

Su terminología en el campo de la arqueología prehistórica todavía permanece.

Popularizó las descripciones de animales y paisajes extintos de la antigüedad. Conan Doyle se inspiró en ellas para sus propias descripciones en el clásico de aventuras "El mundo perdido", donde uno de los personajes cita a Lankester.

Se le considera el responsable de la recuperación del concepto de selección natural, perdido para la biología británica desde pocos años tras la muerte de Darwin. Trató de conciliar las teorías de Weissman, el pionero alemán de la genética, con la selección natural, adelantándose a la teoría sintética.

Además, y esta es la razón de que hable de Lankester hoy, fue el primer científico que denunció públicamente y ante un tribunal los manejos de un charlatán que pretendía poder comunicarse con los espíritus de los fallecidos.

Henry Slade era famoso en Londres por su pretendida capacidad como medium. El espectáculo de Slade consistía en hacer preguntas al espíritu de su propia esposa fallecida que esta respondía por medio de mensajes escritos misteriosamente en una pizarra.

Lankester, que admiraba profundamente a Darwin, tal vez para ganarse su afecto, pues sabia que el gran hombre aborrecía a los espiritistas que florecían en la sociedad victoriana británica, asistió a una de las sesiones de Slade.

En un momento de silencio en el que Slade se disponía a realizar una pregunta, siempre en un ambiente de gran oscuridad, Lankester arrebató la pizarra al medium, comprobando que, aunque la pregunta aún no había sido realizada, la respuesta ya estaba escrita en la pizarra.

Lankester denunció a Slade ante un juzgado, acusándole de "delincuente común". El juicio alcanzó gran resonancia en la sociedad británica, y se consideró un enfrentamiento entre los dos padres de la teoría de la evolución, Darwin y Wallace.

El primero de ellos contribuyó a los gastos del juicio aportando dinero a Lankester, y Wallace se personó en el juicio como testigo favorable a Slade, al que consideraba un hombre tan honrado como cualquier investigador. Wallace era un fervoroso creyente y en cierta ocasión provoco cierto escándalo al permitir la lectura de un trabajo sobre transmisión a distancia del pensamiento en una importante reunión científica.

Durante el juicio, Slade declaró que ignoraba como había llegado el texto a la pizarra, y un famoso mago mostró varías formas en las que aquello pudo ocurrir. Pero el juez desestimó todo lo que consideraba exhibición circense y juzgó y condenó a Slade basándose en una ley que condenaba la lectura de manos y otros medios de adivinación.

Slade no fue a la cárcel, durante una revisión del caso por motivos técnicos, huyó a Europa, donde continuó su lucrativa actividad, aunque las sospechas nunca le abandonaron y su descrédito creció hasta que acabó solo y olvidado.

Lankester sostenía que las supercherías de los charlatanes nunca podrían engañar a un científico preparado como él. Lamentablemente, el propio Lankester fue un ejemplo de lo contrario. Él fue una de las víctimas más notables del fraude del "Hombre de Piltdown", cuyas implicaciones parecían apoyar sus más queridas creencias.

2 comentarios:

Carlos Dominguez dijo...

La verdad es que me ha resultado un relato muy interesante , Asigan :-).
También el rol de los dos monstruos de la evolución en el juicio, cosa que ignoraba por completo.
Saludetes
Carolus

Juan Carlos Bujanda Benitez dijo...

Opino lo mismo, es bueno rescatar nombres de este tipo de personalidades, que se sepa que no todo es JJ Benitez, I. Jimenez, Maussan, etc. Sino tambien sus nemesis.

Bien Asigan!