domingo, diciembre 26, 2004

Los escépticos y los fenómenos paranormales.

Uno de los reproches más habituales que los defensores de la realidad de los fenómenos paranormales y/o de las pseudociencias nos hacen a los escépticos es el de cuestionar que nuestra postura habitual sea realmente escéptica.

Un ejemplo particular es el que se expresa con la afirmación de que la verdadera posición escéptica - ajena a la que mostramos- es la de la duda, que consistiría en un interés por la investigación y, en cualquier caso, rechazaría la negación. Otra postura posible sería la de la aceptación acrítica o crédula de esa realidad, que no sería, en general, la de quienes eso afriman, hasta el punto de que es habitual escuchar a algunos de sus representantes más señalados declarar que ellos mismos son escépticos, pues mantienen, según ellos, esa primera postura que asignan al verdadero escepticismo.


En cuanto a la cuestión de nuestra propia postura, se califica de detractora y se define como la negación acrítica o dogmática y el desinterés real por el conocimiento en esos ámbitos, sobre la base de miedos, intereses o incapacidad emocional.


Respecto a la cuestión de la calificación, la definición que hace el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española del término escéptico es la siguiente en su segunda acepción:

2. adj. Que no cree o afecta no creer.
(La primera se refiere a la doctrina filosófica clásica del escepticismo)

Y la de "escepticismo" es esta:
1. m. Desconfianza o duda de la verdad o eficacia de algo.
(En este caso, es la segunda la que se refiere a esa doctrina o escuela filosófica)


Esta es la definición de "detractor":

adj. Adversario, que se opone a una opinión descalificándola.

Puesto que el escéptico, en nuestro caso, enfrenta la verdad de las afirmaciones de quienes defienden los fenómenos parapsicológicos, no puede más que convertirse en detractor de las mismas. Pero eso no significa que pierda calidad como escéptico, sino que no puede enfrentarse ninguna opinión sin ser a la vez detractor o defensor de ella. No ser detractor de una idea no lleva a convertirse a alguien en escéptico respecto de ella, en todo caso solo puede significar que la defiendes o que no te pronuncias debido a falta de examen de la misma.
La posición escéptica conlleva necesariamente la calidad de detractor, pues se refiere al rechazo de una proposición frente a quien la defiende, y si no es dogmática, contendrá argumentación que tienda a la refutación de la misma, descalificándola y, por tanto, con contenido detractor.

Puede, efectivamente, darse el caso de detractores dogmáticos, pero ser detractor de una idea no implica por si mismo esa condición, que dependerá del razonamiento utilizado o por la ausencia del mismo. Por tanto, ser escéptico respecto de una afirmación y ser detractor de ella no solo no es incompatible, es inevitable por definición y no hay nada peyorativo en ello.


Ahora bien, el escéptico, por lo general, lo es además respecto de la misma existencia de los llamados fenómenos paranormales. Se usa esto para sostener que, al margen de las pruebas que puedan apoyar un fenómeno concreto, el escéptico no ejerce de tal, pues su postura es previa a la presentación de las mismas, con lo cual, en ese nivel, no ejerce de escéptico y esto condiciona su revisión de las pruebas, evidencias o argumentos de los defensores de los fenómenos paranormales. Y esto, se dice, justifica la negación del carácter de escéptico a quien así obra, pues su revisión de las pruebas constituye algún tipo de intento de racionalización de su negación acrítica previa.

Sin embargo, creo que es precisamente en este nivel cuando nuestra postura adquiere su significado de manera más fiel a la definición de "escéptico".

Cuando el escéptico discute las pruebas de los defensores de los fenómenos parapsicológicos, ejerce más como revisor del contenido lógico y empírico de determinadas argumentaciones, y esa es una labor que no lo define estrictamente como escéptico, puesto que es algo que se espera que hagan los colegas en la defensa de la realidad de esos fenómenos cuando revisan sus aportaciones en forma de proposiciones, si es que su asentimiento no es independiente de ello. Lo contrario, no es más que una forma de credulidad, aquello que precisamente pretenden rechazar. Revisar las evidencias y su auténtico valor es algo que debiera hacerse "dentro" de ese mundo, sin necesidad de posicionarse como escéptico. Es una exigencia básica de rigor metodológico que no afecta a la ciencia en exclusiva, sino a cualquier pretensión de conocimiento. Y es algo que cualquiera, sea cual sea su postura respecto a los fenómenos en general, puede y debe hacer. Por lo tanto, no es en rigor el examen de las evidencias lo que debiera calificar a alguien como de escéptico, aunque el escepticismo deba incluirlo, porque no es exclusiva de esa postura.


Puesto que la revisión de las investigaciones concretas y su validez no puede definir la posición escéptica, al ser esa una actitud de rigor que debe practicar tanto quien cree en la realidad de esos fenómenos como quien no lo hace o permanece indeciso, es el rechazo de los fenómenos en otro nivel, por tanto, lo que caracteriza a alguien que pueda calificarse de escéptico.

Y no es más que ese escepticismo primero hacia los mismos fenómenos, pero que, contrariamente a lo que afirman sus defensores, es crítico y justificado.

En algunos casos, como, por ejemplo, ante las aseveraciones acerca de que determinada técnica puede tener efectos terapéuticos, la única actitud razonable es la del examen de la evidencia a favor y en contra de ello, pero en la mayoría de casos, las propuestas paranormales pueden ser evaluadas a partir de su misma definición, pues la existencia real de cada fenómeno concreto plantea unas consecuencias que atañen a algún aspecto de la realidad, a esta en su conjunto y a la descripción científica de la misma.


Por ejemplo, la proposición acerca de que los OVNIs son naves tripuladas intraterrestres cuya base se sitúa dentro de nuestro planeta, que sería hueco al menos en gran parte, puede ser rechazada sin necesidad de afrontar investigaciones al respecto. Quienes defienden que no considerar la evidencia que se pueda aportar es una actitud ciegamente dogmática, olvidan que existe mucha evidencia sobre la cuestión implicada, la estructura interna de la Tierra, y que en este contexto, el escepticismo respecto a ello es la única postura que realmente tiene en cuenta la evidencia existente, mientras que tanto el apoyo entusiasta como la suspensión del juicio son irracionales. Para mantener esa actitud expectante, y no digamos ya para defender directamente esa hipótesis, se debe renunciar a considerar y poner en juego conocimientos sólidos implicados directamente en la cuestión.


Consideremos el caso de las teleplastias, tan de actualidad gracias a la polémica sobre las nuevas caras aparecidas en Bélmez. Se dice que el rechazo del carácter paranormal del fenómeno no tiene justificación en tanto se realizan investigaciones sobre ello y sus resultados no llegan, salvo como expresión de una postura dogmáticamente ciega.


Pero esto significa que se concede algo más que la mera posibilidad teórica de que el mundo no sea como parece ser. Es una renuncia implícita a nuestro conocimiento y a nuestro modo de obtenerlo y justificarlo, sobre la base de una expectativa sin justificación epistémica alguna y sin articular una propuesta alternativa. Se trata de averiguar si el mundo es diferente a como nos muestran docenas de miles de datos, experimentos y modelos teóricos contrastados y lógicamente consistentes con nuestra experiencia porque, a lo mejor, quien sabe, quizá, el mundo no es como parece a pesar de que todas nuestras investigaciones nos indican que es justo como la ciencia lo describe (a grandes rasgos) y no existe rastro de dato alguno que lo contradiga, alegando que, a pesar de que existen explicaciones mundanas perfectamente consistentes, la ausencia de certeza autoriza cualquier especulación. Se pretende que una postura que consiste en no conceder peso alguno a todo nuestro conocimiento sobre el mundo y su funcionamiento a favor de poner en las mismas condiciones alternativas que cuentan con diferente apoyo sea algo legítimo desde el punto de vista del conocimiento.


Es una llamada a saber despreciando el saber, un abandono de los criterios lógicos y metodológicos que cuentan con sólida justificación teórica y contrastación práctica a favor de unos que son deficientemente expuestos si es que alguna vez se hacen explícitos y que consiste, básicamente, en la expresión de una vaga incertidumbre subjetiva sobre como pueda ser el mundo.

En esta situación, las pretendidas investigaciones no pasan de ser una racionalización de un prejuicio claro a favor de una visión particular del mundo que no tiene justificación epistémica.
Naturalmente, todos somos libres de "investigar" aquello que nos plazca o nos interese.

Uno puede investigar la posibilidad de que la forma del planeta Tierra sea triangular, algo que no es lógicamente imposible, pero no hay nada que evite que la postura escéptica respecto a esa posibilidad sea infinitamente más sólida y razonable y que la del postulante sea, básicamente y a la luz de lo que ya sabemos, irracional.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me gustan tus articulos, y felicidades por la bitacora
sigue asi, ah y FELIZ AÑO
azazel administrador de Buscadores de Misterios

Anónimo dijo...

POner una bitacora donde los comentarios y la posible defensa del encausado quedan al final y hay que darle, para mas inri, a un link para verlos, denota la actitud poco seria del que hace el articulo...

Pero no pasa nada...

Asi son algunos obsesivos como asigan...

Javier Reinoso

PD: Y tambien denota la imparcialidad y falta de nobleza del individuo...

Asigan dijo...

Hay que ser imbécil...